Stiuso, el espía con ganas de hablarEl ahora ex agente de inteligencia está dispuesto a declarar en la causa por la muerte del fiscal Alberto Nisman, según aseguran sus allegados. Las misteriosas escuchas que guarda como seguro de vida.

El año en que Horacio Antonio “Jaime” Stiuso entró a la SIDE, 1972, moría el primer director de la Oficina Federal de Investigación de los Estados Unidos, John Edgar Hoover. Había dirigido el FBI por 37 años y falleció de un infarto en la pileta de su casa, luego de pasar sus últimos años defendiéndose de las duras críticas que recibía por haber utilizado la agencia para perseguir y acosar activistas políticos durante las protestas contra la guerra de Vietnam y a favor de los derechos civiles, como el propio Martin Luther King.

​El nombre de Hoover está asociado al macartismo, la mayor caza de brujas que se realizó en la historia norteamericana, cuando el Estado federal se puso al servicio de la persecución de supuestos comunistas, o amigos de comunistas, como el caso del científico Robert Oppenheimer, que entró en desgracia sólo por tener amores con una afiliada al PC norteamericano.

​También está asociado a la acumulación de archivos secretos sobre la vida privada de los principales referentes políticos, sindicalistas, empresarios, artistas, deportistas y periodistas, obtenidos siempre mediante procedimientos ilegales. Extorsionó a centenares de figuras públicas, que terminaron actuando como él quería. Y todavía hay quienes sostienen que estuvo personalmente involucrado en los magnicidios de John Fitzerald Kennedy y su hermano, Robert Kennedy.

​Graduado en derecho en la George Washington University, donde llegó a exponer en contra del sufragio universal y a favor de la pena de muerte, Hoover adquirió una fama que no tuvo ningún otro jefe del FBI, al punto que su historia llegó a los libros y las películas. Al morir, recibió honores de funeral de Estado. Tras su muerte, el presidente Richard Nixon dispuso un límite para el mandato de los directores del FBI, que fue de 10 años.

​Stiuso nunca llegó al primer puesto de la Secretaría de Inteligencia y como ya está afuera del poder, sabe que al morir no tendrá los funerales de un prócer. Sin embargo, su nombre ya está en la historia, porque es el único espía local cuya fama logró trascender el mundo de la inteligencia. Además, está a días de volverse popular, sobre todo, si decide presentarse a declarar ante la fiscal Viviana Fein sin ocultar su cara, el escudo básico que tienen los hombres de inteligencia para preservarse. Aunque ninguna fuente aseguró que haya tomado la decisión de despojarse de esa protección.

​”Jaime” no vive estos días de fama por casualidad. La misma elección del sobrenombre, que no la hizo él sino un amigo, hace de Stiuso un espía distinto en estas tierras del Lejano Sur. “Jimmy”, diminutivo de “James”, alude a “Bond, James Bond“, el agente secreto creado por el novelista inglés Ian Fleming, inmortalizado por el cine como “007”, espía del M16, el Servicio de Inteligencia británico. Castellanizado, Jaime, no será un playboy ni jugará al polo, como el personaje de la leyenda, pero petiso y todo igual seduce con su inteligencia a espías femeninas, abogadas y mujeres de la Justicia, sobre todo ahora que adelgazó.

​Entrevistado por InfobaeTV, el periodista y escritor Juan Bautista Yofre, de breve paso por la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), recordó que la fallecida Susana Viau había sido la primera que escribió sobre el enigmático, y ahora jubilado, ex Director de Contrainteligencia y verdadero hombre fuerte de la llamada Secretaría de Inteligencia (SI) durante la última década.

​Fue en octubre de 2009, en el diario Crítica. Allí, contó que el aparato de inteligencia manejado por Francisco “Paco” Larcher y Stiuso sería el pilar para el regreso a la presidencia de Néstor Kirchner en el 2011, a pesar de haber perdido las elecciones en el 2009. “Sería temible que lo que se cuenta en los foros cercanos a la residencia de Olivos tuviese siquiera un viso de seriedad”, escribió la periodista. Y agregó: “Suele ser fuente de comentarios el placer con que el ex presidente escucharía los pinchazos telefónicos que invaden la intimidad de los asuntos políticos y personales de sus enemigos y también de los que se proclaman sus amigos, porque Kirchner no cree en la lealtad. Él sabrá por qué”.

Apenas un mes después de esa nota, el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, fue obligado a beber de esa medicina recargada para asegurar la victoria de Kirchner en el 2011. En el marco de una operación de inteligencia orquestada desde la SIDE, Sergio Burstein denunció una supuesta estructura de espionaje paraestatal, con escuchas ilegales que presuntamente habría empleado el macrismo para fines personales. Con una velocidad que no existió en otras causas, la denuncia terminó con el ex comisario Jorge “Fino” Palacios preso y con Macri procesado, porque el juez Norberto Oyarbide los encontró partícipes necesarios de una asociación ilícita. El que espiaba era el gobierno nacional, pero el denunciado –y el que debía hacer ingentes esfuerzos para defenderse de la acusación– era el gobierno porteño.

​Obviamente, el escándalo fue mayúsculo. El PRO tuvo que aceptar una Comisión Especial en la Legislatura porteña para investigar la red de espionaje en la Ciudad, pero el tiro le salió por la culata al oficialismo. El 8 de octubre, directivos de Telecom y Telefónica admitieron que intervenían teléfonos por pedido de la SIDE y sin orden de los jueces federales, como manda la ley. Es más, las empresas de telefonía calcularon que intervinieron a pedido de la Secretaría de Inteligencia un promedio de 250 líneas telefónicas por mes cada una, lo que totaliza 6000 líneas pinchadas en el año 2010, aproximadamente, hasta la fecha en que declararon ante los legisladores de la Ciudad. El 27 de octubre, Kirchner murió (algunos dicen que de paranoia), y la denuncia de Burstein perdió vigor. Aunque no pasó lo mismo con las manías de Larcher y Stiuso, que siguieron actuando fuera de ley, pero para que Cristina obtenga su reelección.

​Larcher y Stiuso creen que hicieron todo bien. Sin embargo, de a poco el vínculo con la Presidenta se fue desgastando. Primero creían que era porque ella nunca había tenido buena relación con el hombre que le conocía todos los secretos a Néstor, desde los tiempos en que era su chofer. Incluso los que jamás le confesaría a su celosa esposa, sin importar si ahora ejercía la Primera Magistratura. Trataron de esforzarse con lo que ella pedía. Pero nada alcanzaba.

​Después vieron cómo crecía, en la retaguardia, un general de Inteligencia. Cuando César Milani fue colocado para dirigir el Ejército, ya era tarde. Su presupuesto había crecido a una escala inédita en la democracia, y la SI quedó en falsa escuadra, no sólo con los principales organismos de inteligencia del mundo, que no entendían cómo la Secretaría de Inteligencia había sido ignorada en el cambio de 180 grados en la política exterior del Gobierno frente los iraníes, sino frente a la propia tropa, que quedaba relegada en capacidad operativa y aumentos salariales.

Así fue como Stiuso se enojó. Empezó a regirse por lo que decía la ley en materia de escuchas telefónicas y a trabajar en nuevas carpetas, ahora, de la familia presidencial y su círculo áulico, una información a la que considera su seguro de vida en estos tiempos turbulentos, cuando sabe que ya no es el intocable de antaño.

​De todos modos, los amigos de los servicios de inteligencia que tiene en la mayoría de los países –con quienes tejió un vínculo sólido con el que se siente protegido– lo tienen informado de lo que pasa fuera de nuestras fronteras. Así, habría sido uno de los primeros en la región que se enteró del hallazgo de un paquete que contenía cables y un cordón detonante que se encontró el 8 de enero en el World Trade Center (WTC) de Montevideo, Uruguay, donde está alojada la Embajada de Israel y del consiguiente retorno a su país del diplomático iraní, Ahmed Sabatgold, que no llegó a expulsión porque, cuando se lo contactó, ya había viajado.

​Hay quienes especulan con que la última denuncia del fiscal Alberto Nisman está en línea con la renovada preocupación en Israel de una avanzada de Irán en el Cono Sur, en consonancia con los mejores vínculos que el gobierno argentino intentó tejer con esa república islámica, independientemente del mal resultado del Memorando, y a contramano de buena parte de la comunidad judía y política local.

De hecho, la embajada israelí en Montevideo hace varias semanas que había expresado preocupación por sospechosos seguimientos. Y también en Chile hay alerta, según una nota aparecida el pasado 23 de enero en El Mercurio, en la que se recuerda que fuentes de inteligencia de ese país habían recibido información acerca de siete viajes a ese país de Mohsen Rabbani, encargado de Cultura de la embajada iraní en Buenos Aires, para organizar apoyo ideológico y financiero a la comunidad chiita de 120 iraníes que viven del otro lado de la cordillera, y reclutar seguidores.

​Mientras Argentina es noticia en los principales medios del planeta, intrigados por la exótica Presidenta argentina, que insiste con desconocer con las más elementales reglas del protocolo y se niega a expresar condolencias por la muerte de un fiscal, en alguna quinta de la provincia de Buenos Aires, Stiuso, el espía más famoso, prepara su presentación ante la fiscal Fein para los primeros días de la semana que empieza. Según una fuente que lo conoce, tiene “más ganas de hablar que un loro”. Habrá que ver si es cierto.

Fuente: infobae.com

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