En su discurso anual al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, el pontífice deploró la “cultura del rechazo al otro” que genera “violencia y muerte”; esta tarde partirá hacia Sri Lanka y Filipinas.

Antes de partir esta tarde hacia Sri Lanka y Filipinas, en una de las citas tradicionales de comienzos del año el papa Francisco recibió hoy en audiencia al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, que mantiene relaciones con 180 países del mundo. En un discurso largo y denso, de más de media hora, hizo un apasionado llamado a la paz y en contra de la dramática realidad del “rechazo”, y pidió a los dirigentes musulmanes a condenar “cualquier interpretación fundamentalista y extremista de la religión”, después de deplorar nuevamente la”trágica masacre” de la semana pasada en París, que conmocionó al mundo.

Además, el Papa hizo un repaso de los conflictos del planeta. Denunció las diversas guerras, la “cultura del descarte”, la “humanidad herida” del mundo de hoy y expresó su satisfacción por hechos como el restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba y el cierre de la cárcel de Guantánamo.

“Este fenómeno es consecuencia de la cultura del descarte aplicada a Dios. De hecho, el fundamentalismo religioso, antes incluso de descartar a seres humanos perpetrando horrendas masacres, rechaza a Dios, relegándolo a mero pretexto ideológico”, dijo.

“Ante esta injusta agresión, que afecta también a los cristianos y a otros grupos étnicos de la región, es necesaria una respuesta unánime que, en el marco del derecho internacional, impida que se propague la violencia, restablezca la concordia y sane las profundas heridas que han provocado los incesantes conflictos”, agregó.

En un discurso considerado una verdadera radiografía del mundo realizada por la Santa Sede, el Papa lamentó la constante proliferación de conflictos, “como una auténtica guerra mundial combatida por partes”. Si bien comenzó mencionando la guerra en Ucrania, enseguida manifestó su preocupación por Medio Oriente. Recordó su visita a Tierra Santa de mayo pasado y auspició que “se puedan retomar las negociaciones entre las dos partes, para que cese la violencia y se alcance una solución que permita, tanto al pueblo palestino como al israelí, vivir finalmente en paz, dentro de unas fronteras claramente establecidas y reconocidas internacionalmente, de modo que «la solución de dos Estados» se haga efectiva”.

Expresó luego gran preocupación por la existencia de otros conflictos en Medio Oriente debido a la propagación del terrorismo de carácter fundamentalista en Siria e Irak. Al reiterar su cercanía a los cristianos de esa zona sacudida por la violencia, víctimas del avance del grupo fundamentalista Estado Islámico -al que aludió, sin mencionar-, Francisco reiteró que “un Oriente Medio sin cristianos sería un Oriente Medio desfigurado y mutilado” .

El pontífice volvió a hacer un llamado a la comunidad internacional para que no sea indiferente ante esta situación, y a los dirigentes religiosos, políticos e intelectuales, especialmente musulmanes, a condenar “cualquier interpretación fundamentalista y extremista de la religión, que pretenda justificar tales actos de violencia”.

UN DISCURSO ABARCATIVO
En un discurso pronunciado en italiano, no dejó de lado los conflictos que ensangrientan al continente africano, en Nigeria, Libia, la República Centroafricana y otros países, victimas de atroces conflictos internos.

“No podemos olvidar que las guerras llevan consigo otro horrible crimen: la violación. Se trata de una ofensa gravísima a la dignidad de la mujer, que no sólo es deshonrada en la intimidad de su cuerpo, sino también en su alma, con un trauma que difícilmente desaparecerá y cuyas consecuencias son también de carácter social. Lamentablemente, se constata que también allí donde no hay guerras, muchas mujeres sufren violencia hoy”, también denunció el Papa, que mencionó por otra parte como víctimas de la cultura del descarte a los enfermos de ébola , que definió como “leprosos de nuestro tiempo”.

“A la lista de las vidas descartadas a causa de las guerras y de las enfermedades, hay que añadir las de los numerosos desplazados y refugiados”, recordó también el pontíifice que, como había dicho en Estrasburgo en noviembre pasado, sentenció: “No se puede tolerar que el mar Mediterráneo se convierta en un gran cementerio”.

El Papa llamó luego a la comunidad internacional a actuar para resolver estas graves situaciones humanitarias y a actuar sobre las causas y no solamente sobre los efectos de estas oleadas de seres humanos.

Volvió a manifestar, por otro lado, su preocupación por “la plaga cada vez más extendida del desempleo juvenil y del trabajo negro, y el drama de tantos trabajadores, especialmente niños, explotados por codicia”. “Todo esto es contrario a la dignidad humana y es fruto de una mentalidad que pone en el centro el dinero, los beneficios y los intereses económicos en detrimento del hombre”, clamó, al hablar en la espléndida Sala Regia del Palacio Apostólico ante los representantes diplomáticos de diversos países.

Fuente: lanacion.com.ar

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