“No veo televisión”.

“No tengo televisión”.

“No hace falta ver televisión para aprender a actuar”.

“No me gusta ver televisión, no me entretiene”.

Las cuatro frases pertenecen a Juana Viale. Las dijo el martes en ShowMatch. Horas antes, en Este es el Show, también Lourdes Sanchez y Fernando Dente, molestos con las devoluciones del jurado, soltaron “este año NO miramos ShowMatch”.

Poco sorprenden las declaraciones de este trío, porque son parte de una generación de actores prejuiciosos, no sólo con el concurso, sino con la telecomunicación en general. No está de más recordar que no los conocería nadie si no fuera por la tele. Ni que cobrarían mensualmente cachets importantísimos, sino fuera por la masividad del Bailando. Ni podrían promocionar sus obras de teatro o sus miniseries en señales prepagas. Ni hacer publicidades de shampoo, zapatillas o aguas saborizadas. Incluso, ¿Cómo haría Juana para presionar al juez para que firme la resolución de su causa ecológica?

Actores que desprecian a la televisión

El grave error es generalizar. De esta manera, seria ridículo decir que todas las comedias musicales son superficiales, que todas las obras de centros culturales son aburridas, o que a todos los actores lo único que les importa es la guita. Sería injusto e hiriente. Y también mentira. Las generalizaciones tienen un margen de error enorme, por la dinámica de un mundo tan cambiante. Ni siquiera la ciencia es tan exacta. Entonces: ¿por qué tomar como mantra tremendas generalidades?

Si bien cada uno tiene derecho a consumir lo que se le venga en gana, el tono despectivo y la generalización es lo que demuestra una profunda ignorancia y un tremendo doble discurso sobre el medio de comunicación más revolucionario, hasta la llegada de Internet.

La lista de productos valiosos que realiza la tan estigmatizada televisión es innumerable y abarca todos los géneros: desde el reality al periodístico, desde el documental a la ficción. La televisión entretiene, educa e informa a los televidentes, y les llena los bolsillos y las inquietudes, artísticas económicas y egocéntricas, a los hacedores.

Y lo último, avísenle a Juana que lo que no tiene es un “televisor”. La “televisión” es otra cosa.

Fuente: Ciudad.com.ar

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