Fue en las terrazas vaticanas con 150 invitados mientras el Papa canonizaba a Juan XXII y a Juan Pablo II. Indignado, ordenó una investigación. Temores de una zancadilla a sus reformas en la Curia.

Fueron 150 los personajes que coparon el domingo 27 una de las mejores terrazas que dan desde los palacios vaticanos a la plaza de San Pedro, con una vista magnífica desde la que se veían los 800 mil fieles que habían pasado la noche a la intemperie para conseguir lugar y aclamaban a Francisco –hacinados por el calor, mojados por la llovizna– mientras proclamaba santos a Juan XXIII y Juan Pablo II. Los VIP miraron desde arriba sentados cómodamente, protegidos por sombrillas, agasajados con sandwiches, vino del mejor y hasta con comunión asegurada por un monseñor que repartía hostias con un vaso de cristal del catering.

Cuando el Papa, que nada sabía, se enteró días más tarde del más escandaloso evento mundano mientras él estaba más abajo, de cuerpo presente en el altar, la rabieta de Francisco hizo explotar el escándalo que ayer se propagó por los cuatro costados y que se multiplicará hoy cuando el semanario L’Espresso publique completo el artículo que adelantó ayer, desatando la difusión mediática.

No faltan los que se preguntan si justo cuando Francisco prepara el “viaje de los viajes” a Tierra Santa en circunstancias difíciles, cargadas de tensión y de esperanzas, lo ocurrido no implica un desafío o una zancadilla para debilitar su autoridad por parte de sectores de la Curia Romana que están perdiendo rápidamente poder y resisten tenazmente los cambios impuestos por el Papa argentino.

Las fotos son inocentes pero de un ágape realizado en el peor momento y en el lugar más inoportuno para los brindis: la terraza de la Preferectura de Asuntos Económicos, cuyo titular, el compungido cardenal Giuseppe Versaldi, tuvo que dar explicaciones a Jorge Bergoglio. Dijo que “el Papa no ha quedado muy contento” al ver las imágenes de la lujosa festichola en la que se identificaban famosos periodistas, religiosos, empresarios y hasta el mismísimo presidente del Banco del Papa, el IOR, el alemán Ernst von Freyberg. El IOR y los escándalos han ido siempre tomados de la mano, aunque esta vez von Freyberg está libre de sospecha.

Versaldi aseguró a Francisco que no sabía nada de la cita mundana en las canonizaciones. Que le habían pedido permiso para que algunas personas importantes se ubicaran en la terraza del “ministerio” vaticano que dirige. Pero de inmediato se multiplicaron las versiones que señalaban que las sillas, las mesas, los invitados, la comida de lujo no habían brotado de la nada. Aparecieron invitaciones muy exclusivas, con dos patrocinadores de la “fiesta de los santos”: la Assidai, seguro médico de los altos dirigentes, que contribuyó con 12 mil euros, y la petrolera italiana Medoilgas, que financió con 5 mil euros el buffet.

Varias fotos mostraban al monseñor español Lucio Vallejo Balda, a quien el Papa nombró miembro de la comisión investigadora de los organismos económicos de la Santa Sede (COSEA), distribuyendo las hostias. Vallejo Balda es también secretario de la Prefectura que preside el cardenal Versaldi, que no figura entre los hombres de confianza papal en la Curia.

Junto al monseñor español luce comprometida Francesca Chaouqui, una joven ejecutiva que Francisco nombró, entre grandes polémicas, en la misma comisión investigadora COSEA. Chaouqui niega haber organizado el ágape, pero ayer circularon informes en Internet que la señalan dando las gracias a los patrocinadores.

Lo que parece inconcebible es que los responsables de este gran enchastre no hayan comprendido nada de la nueva era que vive la Iglesia con la revolución del Papa Bergoglio en favor de una iglesia “pobre y para los pobres”, que abjura de los privilegios y los privilegiados. Entre los personajes que se pasean en las imágenes figura el famoso periodista de la RAI Bruno Vespa y su colega Marco Carrai, brazo derecho en el tema información del primer ministro italiano Matteo Renzi.

El cardenal Versaldi dijo a los periodistas que “como muchos de ustedes también yo quedé sorprendido e indignado por esta mezcla entre lo mundano y lo religioso. Inicié inmediatamente la búsqueda de una respuesta”.

Hay que encontrar “al responsable de todo esto que choca con el espíritu de una canonización y sobre todo del estilo del Papa Francisco, que quiso dar a la celebración un estilo de sobriedad y participación popular”, dijo el cardenal.

“¿Quién ha pagado ese buffet?” fue lo primero que preguntó el Papa. Indignado, Bergoglio quiere inmediatas aclaraciones de lo ocurrido.

Fuente: clarin.com

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