Ella no se considera un ejemplo a seguir, pero si el problema de salud que tuvo en 2009 le sirve a otro para mejorar su calidad de vida, está dispuesta a tenderle una mano.

Verónica Perdomo (36) sufrió un severo ACV y, desde entonces, su vida cambió para siempre. Ahora, la modelo disfruta de cada minuto agradecida y no dejar pasar esta nueva oportunidad que le dio la vida. “A veces la experiencia de otro te abre los ojos, te hace ver el camino”, adelanta Verónica a Ciudad.com, para luego invitar a la gente a que se sume a sus conversaciones motivacionales.

Verónica Perdomo, a seis años del ACV cambió su forma de vida: "Hay que saber bajar un cambio; hoy disfruto cada minuto"

“El 5 de mayo voy a dar mi primera charla, Elegir Vivir, en Capital, en el teatro Picadero, y quiero que las personas vengan. Me haría muy feliz”, agregó, abriendo paso a un diálogo en el que contó cómo salió adelante tras la enfermedad. Y cómo logró reponerse de otros golpes que le dio la vida, como la muerte de su padre y de su hermano.

-¿De qué hablás en las charlas “motivacionales”?

-Cuento mi experiencia, lo que me pasó y cómo sobreviví. Digo algunas cosas que, por mala o buena suerte, tuve que vivir. Todo lo que tuve que luchar me demuestra que hoy tengo que estar acá. Por ejemplo: yo estuve un año con un casco de bicicleta porque no tenía el cráneo, y sólo me lo sacaba para dormir. Cuando me despertaba, me sentaba en la cama y tenía que esperar una hora para poder empezar a caminar, hablar bien, funcionar. Porque el cerebro se hincha a la noche y necesita su tiempo. Ahí, en ese momento, pensaba cosas lindas… Así, sin proponérmelo, nació la idea de las charlas. Además porque hay muchas personas que me paran en la calle para hablarme y me piden consejos.

-¿Nunca te enojaste por lo que te pasó? Hay gente que es creyente y se enoja con Dios; otros, en cambio, se aferran más…

-Yo no era muy creyente, con lo cual, no me iba a enojar con Dios, pero sí estaba muy enojada, diciendo por qué me pasó a mí, si no hacía nada malo, no tomaba drogas, trabajaba y llevaba una vida normal. Pensaba mucho el por qué. Después entendí que tenía que pensar el para qué: mi historia podía ayudar a otras personas. Siempre fui católica y la fe siempre estuvo en mí, pero no era de ir a la iglesia, no practicaba la religión. Sí estaba más conectada con la naturaleza y el universo. Antes del derrame yo era profesora de sordos y estudiaba locución y, de repente, era yo la que no podía ni hablar. Era el colmo. En ese momento, decía: ‘Si hay un Dios, se está riendo de mí’, porque yo estudiaba para enseñar y de repente era yo la que necesitaba empezar de cero.

-¿Hoy cuáles son tus prioridades en tu vida?

-Lo que me cambió mucho es el valor al “momento”. Antes vivía en el futuro, todo el tiempo estaba pensando en lo que iba a hacer mañana, no disfrutaba el ahora. Hoy disfruto cada minuto, me doy mi tiempo para pensar cosas lindas, cosas positivas, salir a correr… Si cualquier persona se dedica cinco minutos en tener pensamientos lindos, positivos, la vida mejora. No hay que esperar hasta el límite, a que te explote la cabeza. Parar porque estás a mil. O si estás estresado, preocupado, si tenés quilombos en el trabajo o estás angustiada porque no tenés novio. Bueno, pará: pensá y hacé algo para cambiarlo. Yo no soy un ejemplo de nadie, pero todo eso tiene solución. A veces la experiencia de otro te abre los ojos, te hace ver el camino.

-Por otro lado, cambiaste de perfil, ya no estás tanto en los medios, ni en el Bailando ni hacés teatro. ¿Por qué?

-En ese momento necesitaba salir a laburar, y lo único que podía hacer era bailar, porque no podía hablar bien ni estudiar. Entonces dije: “Voy a bailar con Tinelli”. Igual, me encantaría hacer más teatro, pero al no poder hablar bien, eso se me complica. Uno nunca sabe qué hará luego, pero ahora elijo tener una vida más relajada, más tranquila. Yo me levanto, salgo a caminar, voy a ver a mi abuelo, empecé a disfrutar. Obviamente que también trabajo, hago desfiles, pero prefiero un ritmo más lento para mi vida. Hay que bajar la locura, estoy con las charlas y me llaman de muchos lugares para que vaya a contar mi experiencia.

-¿Estás en pareja?

-Sí, estoy en pareja y muy enamorada de un hombre hermoso. Se llama Adrián, tiene 40 años y es contador. Por ahora vivo sola, no convivimos. Estoy muy bien, muy tranquila.

-¿Está en tus planes ser mamá?

-¡Me encantaría ser mamá! En algún momento lo voy a ser porque me encantan los chicos. Pero ahora no.

-¿Te sentís a gusto con tu cuerpo?

-Sí, mi cuerpo es copado ¡y mirá que le hicieron cosas! Pero hoy me siento bien y estoy agradecida con la vida por el sólo hecho de estar viva. Agradezco todo en general.

-Cuando tenés un bajón anímico, ¿qué hacés?

-Tengo días que me enojo, que estoy cansada, angustiada y que puteo, pero entendí que el día no siempre va a estar soleado. Hay grises. Igual, se me pasa rápido. Cuando estoy mal, me relajo y me pregunto “qué hago con eso”. Uno tiene que elegir. Hay dos opciones: me quedo en la cama llorando o hago algo y lo transformo. Mirá, un día que estaba con un montón de cosas, con un día complicado, iba en el auto y miré para afuera: estaba pasando por el cementerio donde estaba mi hermano. Y me dije: “Verónica de qué te preocupás, tu hermano hace tres años que está durmiendo en el cementerio”. No hay que preocuparse por pavadas, porque la vida va tan rápido que no nos damos cuenta de elegir lo que nos hace bien. Hay que hacerse cargo de lo que pasa.

-¿De qué murió tu hermano?

-Murió por las drogas, tuvo un paro cardíaco. Tenía 30 años y fue un golpe muy duro para nosotros. Él había consumido pastillas de éxtasis en una fiesta, porque no se drogaba con otras cosas. Y al poco tiempo también murió un amigo suyo. Él era mi hermanito, yo viví con él muchos años, porque nos vinimos de Quilmes a Capital. Cuando él me contaba que tomaba alguna pastilla yo me enojaba, pero él creía que la tenía re clara, que no le iba a pasar nada. Pero con las drogas nadie es demasiado inteligente como para manejarlo.

-¿Vos alguna vez consumiste?

-No, yo nunca consumí nada. Iba a las fiestas, iba a bailar, pero no hacía nada malo. Aún así, antes del ACV yo estaba pasada mal, no me hacía cargo y decía que la vida se iba a organizar sola. Pero por estar a full tuve un derrame y eso que el cuerpo nos da señales… Hay que saber bajar un cambio. Es eso.

Fuente: Ciudad.com.ar

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