La muerte del fiscal Alberto Nisman, hace una semana, conmocionó a todo el país y puso en la mira el funcionamiento de la Secretaría de Inteligencia (la ex SIDE), donde su nuevo titular, Oscar Parrilli, había puesto en marcha una reforma integral, largamente demorada, que incluye el ingreso de unas 300 personas, muchos de ellos militantes de La Cámpora, y una profunda reestructuración administrativa, según confirmaron media docena de fuentes vinculadas al organismo. Los cambios arrancaron hace un mes y ahondaron las divisiones internas.

La muerte de Nisman puso un freno a los cambios. Se trata del fiscal que una semana antes, con el apoyo del espía Jaime Stiuso, había acusado a la Presidenta, al canciller Héctor Timerman y a otras personas de participar de “un plan criminal” para encubrir a los iraníes acusados por el atentado de la AMIA.

La guerra desatada en la SIDE arrancó hace un mes: Cristina Kirchner echó a los dos jefes políticos, Héctor Icazuriaga y Francisco “Paco” Larcher. Luego decidió terminar con “la era de Stiuso”, el hombre más poderoso de la SIDE que sobrevivió a todos los gobiernos desde 1972. El anuncio formal se hizo el 17 de diciembre, pero su salida definitiva -jubilación mediante- se habría concretado recién los primeros días de enero, mientras Nisman estaba en Europa. El 8 de enero, según documentos de Migraciones revelados por la revista Noticias, Stiuso partió a Uruguay. No hay registros de su vuelta. El martes 20, dos días después de la muerte del fiscal, reapareció en los tribunales de Comodoro Py para pedir custodia para sus hijas.

“Stiuso no denunció amenazas sobre sí mismo, pero pidió custodia para sus hijas”, confirmó ayer a este diario el juez federal Marcelo Martínez De Giorgi.

Los meses previos al descabezamiento de la ex SIDE, Stiuso hizo varias presentaciones en Comodoro Py. Primero denunció amenazas en su contra a través de una carta anónima. La causa está en manos del fiscal Guillermo Marijuán, que pudo avanzar muy poco.

Luego intentó reactivar una vieja denuncia contra el juez Claudio Bonadio y el ex comisario Jorge “Fino” Palacios, quien tuvo una activa participación en la investigación por el atentado a la AMIA y terminó procesado por las escuchas ilegales. Stiuso aportó un correo electrónico que le habría llegado al fiscal Nisman el 7 de junio de 2010. La ampliación, en pleno auge de la causa Hotesur, le tocó al juez Sebastián Casanello. Rápido de reflejos, sostuvo que era un hecho nuevo y la mandó a sorteo.

En medio de su “batalla” judicial, Stiuso dio una entrevista a la revista Noticias. Sabía lo que se estaba gestando dentro del Gobierno. Horas después, Cristina Kirchner tomó la decisión de echarlo. Primero lo desplazaron del cargo, y luego el retiro se consumó en los papeles.

“A la luz de los hechos, los cambios (en la SIDE) no fueron por Hotesur, sino por la denuncia de Nisman”, opinó ayer un hombre que pasó por varias funciones y conoce los temas de inteligencia.

La salida de Stiuso significó una victoria para Fernando Pocino, un aliado incondicional del los K.

Stiuso no se fue solo. Todas las fuentes consultadas aseguran que al menos 30 agentes dieron el portazo. Otros dicen que pueden ser hasta 60 personas.

Según varios expertos consultados por este diario, la purga dejó a la SI “desprotegida” en un rubro clave: el terrorismo internacional, porque se quebró la relación con los organismos de seguridad externos como la CIA y el Mossad. “Estamos en un estado de desprotección enorme”, arriesgó Miguel Angel Toma, ex titular de la ex SIDE durante el gobierno de Eduardo Duhalde. Y alarmó: “Luego de semejante purga y con el memorándum caído, estamos en riesgo cierto de un tercer atentado”.

La Presidenta eligió a Parrilli para comandar el momento más crítico de la SIDE en los últimos años. “Nadie quería agarrar ese fierro caliente, menos Parrilli que quería ser candidato en Neuquén”, graficó un funcionario. ¿Cuál es su plan? Comenzó “ordenando” las cuentas y puso en marcha una reforma administrativa, aunque tropezó con su inexperiencia. Cuentan en el organismo que “pidió el listado de agentes inorgánicos (aquellos que cobran en negro y manejan grandes sumas de fondos reservados) para intentar disminuir los gastos”. Chocó contra una pared y a fines de diciembre decidió suspender todos los pagos. Luego, tuvo que dar marcha atrás.

Parrilli avanzó en otros aspectos. Diagramó una profunda reforma estructural. Ese plan implica un reordenamiento de las áreas internas (para separar Terrorismo, Drogas y Operaciones Especiales) y del personal. “Se está planificando una gran reestructuración de los cargos para equipararlos a la gestión pública estatal. El problema es que se van a beneficiar los puestos jerárquicos”, se quejó una fuente que ya no está en el organismo.

La planta estable de la SI es un misterio. Las cifras más serias hablan de entre 1.700 y 1.900 empleados. La idea del Gobierno sería sumar unas 300 personas. Diversas fuentes, con intereses contrapuestos, aseguran que muchos serían de La Cámpora y que el primer paso fue ubicar como subsecretario de Inteligencia a Juan Martín Mena, que era jefe de Gabinete de Julio Alak, pero respondería ahora a la agrupación que dirige Máximo Kirchner. “El límite por ley son 2.200 empleados”, explicó un ex jefe de la SI.

El plan de Parrilli, quien cumple órdenes de Cristina, parte de una base inobjetable: el presupuesto oficial destinado a la ex SIDE (casi 700 millones en 2014) no tiene control. Sus gastos son remitidos a la Comisión Bicameral de Inteligencia, que históricamente nunca tuvo injerencia. En 2014, apenas se reunió dos veces.

Al mismo tiempo, recibe cada más dinero el jefe del Ejército, César Milani, quien ya habría logrado crear puentes con agentes de la SI. “La salida de Stiuso desequilibró todo: los enfrentamientos internos se potenciaron y los alineados con Milani quedaran sin controles. Cristina nunca supo manejar a la SIDE a diferencia de Néstor”, graficó una fuente.

Parrilli también pidió un relevamiento de las bases, especialmente en zonas calientes como la Triple Frontera y el “escudo norte” (las provincias del Norte). Entre los proyectos, además se menciona la posibilidad de trasladar las escuchas a la Corte Suprema.

Para semejante reforma, Parrilli se rodeó de ex colaboradores en la Rosada, sin apoyo de “las bases”. Y el Gobierno no convocó a todas las fuerzas políticas para poner en marcha una verdadera democratización de la ex SIDE.

La muerte de Nisman dejó todo en suspenso. Dentro del organismo el desconcierto es total. No se sabe si se profundizará la reforma K o si cambiará de eje. “La SIDE necesita una revisión, pero lo peor que le puede pasar es exponer sus miserias en cadena nacional”, afirma un experto en seguridad que trabaja en la oposición. En el medio, Cristina Kirchner cambió radicalmente su postura sobre la muerte de Nisman y ahora pidió la cabeza de Stiuso. En el Gobierno y en la SI hablan de “la batalla final”.

Fuente: totalnews.com.ar

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