La Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó ayer que un tercio de los niños de 11 años en Europa tiene sobrepeso. Panorama especialmente complejo en Grecia, donde la cifra llega al 33%. Le siguen Portugal (32%), Irlanda y España (ambos con 30%).

Y si la situación europea es preocupante, la de Chile es aún peor. Los resultados del Simce de Educación Física 2012, aplicado a alumnos de octavo básico y que se dieron a conocer en 2013, muestran que la obesidad pasó de 41% en 2011, a 44% en 2012.

Roberto Balassa, pediatra del Hospital Clínico de la U. de Chile, indica que en los niños de 11 años, en la pre adolescencia, es más alto, llegando incluso al 50%, incluyendo los que tienen desde un mínimo sobrepeso a obesidad mórbida.

Es un escenario poco alentador, dice Fernando Vio, investigador del Instituto de Nutrición y Alimentos (Inta). “Desde 2009, la obesidad en Chile ha ido en aumento después de la crisis económica de 2008”, dice.

De hecho, las fluctuaciones financieras son un detonante de la obesidad. No es casual que cuatro de los países más golpeados con la actual crisis económica en Europa, sean también los que encabezan los índices de obesidad (Grecia, Portugal, Irlanda y España).

Según Vio, la crisis económica de 2008 influyó en el fenómeno. “Las crisis desencadenan una necesidad de alimentar a los niños con productos altos en grasas y azúcar”, dice.

El problema, dice Vio, es que a pesar de los esfuerzos de los últimos 10 años, la obesidad infantil sigue en alza. Ni el aumento de las horas de actividad física ni la aprobación de la Ley de Composición de los Alimentos y su Publicidad, que  prohíbe la venta de alimentos con alto contenido de grasas, azúcar y sal al interior de las escuelas, ni la promulgación en 2013 de la Ley del Sistema Elige Vivir Sano han surtido efecto.

CRISIS FINANCIERA 
El experto del Inta indica que además de la influencia directa de una crisis económica, como en Europa, las depresiones financieras generan conductas a largo plazo. “Los actuales padres fueron niños en la década del 80, cuando la crisis económica 1982-1986 golpeó al país de manera brutal, produciendo 25% de desocupación abierta y un porcentaje similar ocupado en programas de empleo mínimo, con un salario bajísimo, existiendo hambre por falta de acceso a  alimentos”, aclara. Esos niños y actuales padres no quieren que sus hijos pasen hambre y los llenan de alimentos con alto contenido de grasas, azúcar y sal. Lo que sumado a la disminución del número de hijos, dice Vio, aumenta la tendencia a “complacerlos” con comida.

Es un problema habitual, indica el pediatra de la U. de Chile. “Quieren proteger a sus hijos y se les da a consumir de todo, no solo alimentos, juegos electrónicos y comodidad, mientras los niños no hacen ejercicios”.

“Esto es un tema a nivel mundial, junto al cambio climático, y  no tenemos una política para enfrentarlo”, advierte el experto del Inta.

Para el pediatra de la U. de Chile, ni las instituciones privadas ni las públicas tienen la conciencia de lo que esto significará en 20 o 30 años. “El Estado pagará las consecuencias de la falta de previsión. Las conductas preventivas no son de rendimiento inmediato”, dice Balassa.

Fuente: entornointeligente.com

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