“La globalización no es mala. Al contrario, es una buena tendencia. Lo que puede ser malo es el modo de hacerlo. Si una globalización pretende igualar todo, destruye la riqueza y la particularidad de cada persona y de cada pueblo.”

Tras haber llegado a Filadelfia, último destino de su gira por Estados Unidos, el papa Francisco instó a los inmigrantes a defender sus tradiciones. El encuentro tuvo guiños a la comunidad hispana, el grupo de mayor crecimiento en el país y la más afectada en la disputa por cómo abordar una disputa migratoria que pueda legalizar a millones de indocumentados. Por la mañana, Jorge Bergoglio encabezó una misa en la Catedral de San Pedro y San Pablo, en la que llamó a los obispos presentes a ser creativos para afrontar los cambios en la sociedad.

Elogio a los inmigrantes en la cuna de EE.UU.El evento tuvo lugar en el Independencia Mall de Filadelfia, el lugar de nacimiento de Estados Unidos, donde se promulgó la Declaración de Independencia. Ante la presencia de 40.000 personas, el Santo Padre valoró los esfuerzos de aquellas personas que abandonaron sus países de origen en busca de mejores oportunidades. “Muchos de ustedes han emigrado a los Estados Unidos con un gran costo personal, pero con la esperanza de construir una nueva vida”, dijo. “No se desanimen por los retos y dificultades que tengan que afrontar. Les pido que no se olviden de que, al igual que los que llegaron aquí antes, ustedes traen muchos dones a su nueva nación”, afirmó ante los inmigrantes que se acercaron al recinto para escuchar sus palabras. “No se avergüencen nunca de sus tradiciones. No olviden las lecciones que aprendieron de sus mayores y que pueden enriquecer la vida de esta tierra americana”, dijo. Sus declaraciones tuvieron lugar en un momento de controversia en el país por la política de línea dura con los ilegales que promueve el candidato republicano a la presidencia Donald Trump. “También están llamados a ser ciudadanos responsables y a contribuir provechosamente a la vida de las comunidades en que viven”, dijo. “Nos ayuda mucho recordar nuestro pasado”, señaló. “Un pueblo que tiene memoria no repite los errores del pasado. En cambio, afronta con confianza los retos del presente y del futuro”, señaló Francisco. “Al contribuir con sus dones, no sólo encontrarán su lugar aquí, sino que ayudarán a renovar la sociedad desde dentro”, afirmó el Pontífice entre los aplausos de los presentes, que cantaban en español: “Se ve, se siente, el papa está presente”.

Tal como estaba anunciado, el Papa también habló sobre la importancia de las libertades individuales, especialmente sobre la libertad de culto. “En un mundo en el que diversas formas de tiranía moderna tratan de suprimir la libertad religiosa, o de utilizar la religión como pretexto para el odio y la brutalidad, es necesario que los fieles de las diversas religiones unan sus voces para clamar por la paz, la tolerancia y el respeto”, indicó.

En una de las intervenciones en la que se mostró más encendido y sonriente desde su llegada al país el día martes, el líder del Vaticano improvisó en varias oportunidades al abordar el tema de la globalización y sus consecuencias. “La globalización no es mala. Al contrario, es una buena tendencia. Lo que puede ser malo es el modo de hacerlo. Si una globalización pretende igualar a todo como si fuera una esfera, destruye la riqueza y la particularidad de cada persona y de cada pueblo”.

Una de las presentes, Alba López, mexicana con tres hijos, de uno, 11 y 13 años, contó que su marido está recluido desde el 5 de mayo en la prisión del condado de York (Pensilvania), a la espera de ser deportado. “Queremos que el Papa nos ayude con nuestras familias. No es justo que se esté celebrando la institución de la familia, en el Encuentro Mundial de las Familias y que, mientras, las familias de los inmigrantes estamos cada vez más separados”.

Al comienzo de su visita a Estados Unidos, el papa argentino se presentó ante la Casa Blanca como el “hijo de una familia inmigrante” y este viernes convirtió a los “ciudadanos sin derecho a serlo” en los protagonistas de la misa celebrada en el Madison Square Garden de Nueva York.

Por la mañana, Francisco ofició una misa en la que participaron obispos y representantes religiosos de Pensilvania. “La historia de la Iglesia en esta ciudad y en este Estado es realmente una historia que no trata sólo de la construcción de muros, sino también de derribarlos”, manifestó el Pontífice al iniciar la homilía que brindó completamente en español. “Valoro el esfuerzo de todos aquellos sacerdotes, religiosos y laicos que, con dedicación, durante más de dos siglos, han atendido las necesidades espirituales de los pobres, los inmigrantes, los enfermos y los encarcelados”, dijo. “Todo esto es un gran legado que ustedes han recibido y que están llamados a enriquecer y transmitir”. En otro pasaje de su discurso, el líder de la Iglesia Católica llamó a “desafiar” a los jóvenes. “De esa forma, podrán mostrar sus altos ideales y generosidad de espíritu”, señaló. “Uno de los grandes desafíos de la Iglesia en este momento es fomentar en todos los fieles el sentido de la responsabilidad personal en la misión de la Iglesia”.

Además, hizo un nuevo llamado a colaborar con las familias de inmigrantes. “Durante 200 años los católicos han ayudado a los pobres y a los inmigrantes, generaciones de católicos comprometidos que han salido a las periferias y construido comunidades para el servicio de la sociedad”.

Francisco llegó ayer por la mañana a Filadelfia procedente de Nueva York. En el marco de lo que será su último día de agenda oficial en Estados Unidos, Francisco tiene previsto visitar a los presos del Instituto Correccional Curran-Fromhold y oficiar la misa de clausura del VIII Encuentro Mundial de las Familias en el Benjamin Parkway de Filadelfia. Por la noche, se dirigirá al aeropuerto de esa ciudad con rumbo a Roma.

Fuente: pagina12.com.ar

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