El equipo de Cocca visita a Central. Si gana y los que van segundos no, se consagrará.

El cielo siempre fue celeste y blanco, pero Racing pocas veces se creyó su dueño. Y ahora que Rosario lo recibe bajo un diluvio bíblico, lo mira esperanzado, con la certeza que detrás de esas nubes negras hay una luz que lo conduce al paraíso de cualquier futbolero, el campeonato, nada menos. La punta fresca, que llegó a Avellaneda recién en la antepenúltima fecha y frente a River -su bestia de banda roja- impulsa la ilusión que se gesta en este grupo de jugadores que atraviesa el portón de cristal del hotel Ros Tower. Y ahí están los hinchas, claro. Son un centenar, pero representan a millones de fanáticos que hoy esperan el guiño de la gloria. Justo en esta ciudad, donde renació de las cenizas de la quiebra en marzo de 1999, cuando tenía que pedirle autorización al juez Gorostegui para salir a jugar.

Entonces, miles de fieles racinguistas coparon la autopista Rosario-Buenos Aires y el Gigante de Arroyito. Hoy, seguro habrá algún infiltrado entre tantos canallas. Pero como en casi todo el profesionalismo, la Academia puede coronarse lejos del Cilindro. Necesita vencer a Central en el primer turno, a las 17, y esperar que no ganen River ni Lanús en el regreso a casa.

¿Será posible después de 13 años, de ese inolvidable paso a paso, volver a dar la vuelta olímpica, sumar la 17 ª estrella en Primera División? Si tuvieron que pasar siete desesperantes lustros para sentir en carne propia esa felicidad única, ¿cómo no pensar que los planetas pueden alinearse hoy? Lo intuye Luis Gauna, que peina rulos nevados y hace un cuarto de siglo que no visita el estadio Juan Domingo Perón. “Yo estoy seguro de que vamos a ser campeones”, dice el hombre de barrio Azcuénaga, que viajaba en tren a Buenos Aires con un vagón de anhelos.

Lo palpitan Carolina y Sofía, hermanas de Rufino, tercera generación de hinchas de Racing. “Y ya está la cuarta, por eso trajimos una camiseta para que se la firmen a nuestro sobrino”, dice la más grande, con el buzo de Sebastián Saja en una mano y un fibrón en la otra. Lo esperan los mellizos Julián y Marcos, dos gotas de agua de Sastre. Y Juan José, de Entre Ríos. Todos son paisanos de distintos pueblos que se conocieron en la puerta de este hotel hace dos años, en otro viaje de Racing, se hicieron amigos y hasta tienen un grupo de whatsapp. Son estudiantes, como Lucía, que no sabe cómo hacer para clavar su mirada en los libros de psicología, a pesar de que se recibe mañana en la UNR.

Hay ansiedad. Pero también, el pulgar arriba, un síntoma de que se puede encarar esta etapa decisiva desde el optimismo, una iniciativa del Racing Positivo que ya es furor en las redes sociales y que tiene como principal abanderado a Diego Cocca. Se trata de ese técnico que todavía no encontró la llave del corazón de los hinchas, pero le saca lustre al bronce de Mostaza. El que hará dos cambios: Yonathan Cabral -cumplió la de suspensión- en lugar de Nicolás Sánchez y el ingreso de Germán Voboril en el puesto de Leandro Grimi, quien sumó la quinta amarilla. Enfrente, habrá un Central golpeado, sin Miguel Angel Russo en el banco. Pero a Racing no le importa. Piensa que por fin tiene su propio cielo. Ese que hoy puede tocar con las manos.

Fuente: clarin.com

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